MUSIC SELECTIONS

LOS SAXOFONES - JUAN COLÓN

sábado, 25 de enero de 2014

Mis grandes amores

A lo mejor le parezca extraño el título, sobre todo porque no se trata en esta ocasión de familia y amigos… Hablo de mis saxos, tanto el Alto, como el Tenor y el Soprano con los que he compartido toda una vida, por más de cuarenta y cinco años.

Crecí con ellos, aprendí a amarlos, y aunque no son seres humanos traté de cuidarlos y darle lo máximo de mi para no defraudarlos, porque sus orígenes se remontan a los años 1963-64; los adquirí dentro de los años 1979/68/69 con la gran ilusión, el gran sueño de aprender a soplarlos, a mimarlos, a conocerlos por separado; entendía que cada uno tenía mucho que darme y que al mismo tiempo yo tenía que aprender cómo lograrlo, cada uno tiene un lenguaje y un universo muy especial.

Con el tiempo llegué a sentirme totalmente atado a ellos, no podía visualizarme sin ellos, no conocía un amor más hermoso que el de ellos, una atadura donde día tras día por años practicarlos por horas era mi mayor anhelo, desafío y deleite.

Decirles que eran mis amores especiales, que no podía vivir sin ellos, haciéndome la vida mas llevadera y creyendo con toda certeza que era lo mejor para mi.

La vida en su majestuoso caminar empieza a enviarme mensajes de muchas preguntas a mi mismo: ¿Por qué tanta dependencia? ¿Por qué de repente algo empieza a molestarme? ¿Qué busco ahora? ¿Qué pretendo alcanzar?

¿Cuál era mi afán de tantas preguntas? Sencillamente vi en mi alma que con el correr de los años habíamos creado unos lazos de ataduras, entonces ya no era amor puro.

Sentí en el fondo de mi ser implorarle al creador para que me dejara amarlos con total desprendimiento, entendí que el mayor triunfo para mi vida era aprender a amar con libertad, dar lo mejor de mi, lo máximo de todo mi ser pero a cambio de nada, sin buscar ni pretender nada, sin exigir nada, amar con libertad y puse mis saxos a mi vista por un año sin tocarlos, hasta que no me doliera la falta de practicar, el anhelo de acariciarlos por horas, y empezar a visualizarme sin ellos.

Hasta que finalmente entendí que nos habíamos amado para una misión y que ahora la mía como ser humano era la preparación de recibir lo sublime del universo que estaba oculto en mi diario vivir y que era mi gran tesoro, y que serían las únicas posesiones que llevaría en mi equipaje, el amor a los míos, el amor sin buscar nada, la entrega de mi ser aunque me duela entender que muy pocos seres lo comprenderían, pero que estos serían los amores verdaderos que me había dado la vida y ya los había conocido.

Amar dándolo todo con la firme convicción de que fui amado desde antes de la concepción del universo y que el haberlo entendido me otorgará la absoluta libertad de amar, y saber que en la madre naturaleza estaba todo y que todo es alcanzable, sólo se necesita renunciar a ti mismo de lo que crees imprescindible para tu vida.

Ahora amo a mis saxos pero ya no son la prioridad de cada amanecer, ni el motivo de vivir, del luchar. Ellos fueron mis grandes arquitectos, me dieron lo que se les encomendó y ahora yo tengo mi propio sendero, ahora disfruto la libertad de ser.

Mi gran misión es darlo todo para poner mi granito de arena y de una forma u otra ayudar a que no sigamos la carrera del individualismo. Estamos globalizados pero desunidos cada día más, somos cada día más extraños e indiferente unos a los otros.

Preferimos esconder la mirada para no brindar un saludo, sentimos la necesidad de expresarnos pero el miedo de mirar a los ojos ocultos nos aterroriza, debemos dejar a un lado el miedo a decirle a nuestros compañeros, a nuestros hijos, nuestros amigos, que los amamos.

Llamarlos solo para decirle, hola, te quiero, te extraño, solo eso y el mundo temblaría ante la luz del despertar de nuestras almas.

1 comentario:

  1. La foto está muy bien escogida para este artículo. Es la expresión de un ser en comunión con la naturaleza y el entorno, en simbiosis continua.
    Isaías

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