MUSIC SELECTIONS

LOS SAXOFONES - JUAN COLÓN

domingo, 23 de febrero de 2014

Afinando mi Saxofón

Cuando usamos la palabra "afinar", en simples palabras significa poner el instrumento en forma donde se pueda tocar lo más cerca posible del sonido perfecto (440 vibraciones por segundo) que es Tocar Afinado.

Todos los instrumentos tienen que pasar por el proceso de ser afinados con la nota “A”, “La, en español”. Existen algunos que requieren más tiempo que otros, pero usan el mismo procedimiento.
Otros instrumentos se afinan usando otras notas como punto de partida: conga, tambora, timbales, entre otros.

EI instrumento más difícil de afinar es el ser humano, esto implica una serie de procedimientos que nada tienen que ver con el sonido mismo, pero si con la frecuencia vibratoria del alma, conectada al universo.

Afinar el alma humana implica primero que todo: Ser honesto con uno mismo para aceptar el porque debe cambiar y buscar dentro de si las herramientas que están a la disposición de todos los seres humanos.

Si logramos afinar nuestras almas, logramos arreglar nuestros problemas interiores independientemente de nuestro nivel de educación; cuando se trata de procesos internos del ser humano.

Entender que significa ser honesto, ser leal, ser integro, ser humilde, ser consciente de la necesidad de afinar el alma son herramientas básicas que todos tenemos sin excepción. Son cualidades intrínsecas inalienables en todo ser humano. No puede sacarlo usted de ni transferírselo a nadie. Por lo que todos podemos afinar nuestras almas.
En cambio, no podemos afinar la de nuestros hijos, amigos, compañeros, contrarios, etc. Cada uno debe afinar su propio instrumento para poder entonar correctamente las notas de la escala universal.

No podemos evadirlo aunque pretendamos callar la voz de nuestra conciencia con lujos, dinero, fama, posición social, etc., de esa manera nuestro sueño jamás podrá ser placentero.

Nuestras sociedades han colapsado porque no han querido afinar sus instrumentos. La avaricia nos ha arropado y aunque usemos interminables disfraces, no vamos a poder tocar la sinfonía en su entonación correcta. Hemos creído que todo lo podemos comprar con dinero.

Le hemos puesto precio a la conciencia y tapones a nuestros oídos para no escuchar la voz tranquila y tenue que rondan nuestros sueños.

Nuestro país ha sucumbido a todo el proceso de afinar el alma. No nos importa que instrumento toquemos. Hemos desterrado las herramientas y la hemos substituido por dinero, hemos hecho de esto el dios de nuestras vidas.

Muchos años atrás inicie el proceso de afinar mi alma. Jamás pensé lo doloroso que era hacerlo. Solo pensé que era una necesidad urgente el hacerlo. Había logrado calar posiciones envidiables dentro de mi profesión. Preparación profesional sin temor a quedarme sin trabajo.

Con la capacidad y preparación humana para mantener en alto las defensas de mis derechos. Me di cuenta que mi instrumento estaba afinado, pero mi alma no lo estaba.

Al pretender caminar y dormir tranquilo tenía que enfrentarme a mi mismo e iniciar el proceso de cambio interno. Es una batalla en la que nadie puede auxiliarte. Solo tú y la Divinidad pueden hacerlo, ella te proporcionara las herramientas pero no te obliga. Hasta te permite que pretendas ser quien no eres a los ojos de la sociedad y hasta pueda vivir una vida entera dejando de ser tú.

Durante este proceso el triunfo mas insignificante el universo se regocija, ahí sientes la fuerza para continuar, proceso que nos dura toda la vida y apenas alcanzaremos a tocar en los últimos puestos de la gran orquesta del universo.

Todos hemos sufrido grandes derrotas, hechos bochornosos en nuestras vidas; Nadie tiene derecho a juzgar ni a que nos juzguen, solamente lo que cuenta es el deseo sincero de ser mejores seres humanos, para contribuir con algo positivo para el bien de nosotros mismos y la sociedad.

Duele en el alma cuando no puedes tocar bien una nota de la escala universal, pero duele mucho mas cuando eres ignorado y hundido aun sin haber empezado a afinar tu instrumento, porque la sociedad anda en una carrera tan desenfrenada en destruirnos que no nos interesa parar un minuto para escuchar el sonido del alma.

Nuestro peor enemigo de todo el proceso es nuestro propio ego, y es bien sutil porque muchas veces nos engañamos al considerarnos que somos humildes. Por eso nunca me gusta usar el término humilde porque basado en la humildad disfrazada se han cometido crímenes atroces en la humanidad.

Nunca terminaremos de afinar nuestros instrumentos, es tarea de vida, para solo a través del soplo del alma ver la recompensa. Un proceso doloroso pero grandioso porque sentimos que dentro de la grandiosa manifestación divina somos algo delante de sus ojos. He ahí la sublimidad de existir.

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